Cómo hacer una receta médica perfecta: Las 3 reglas de oro. (2018 España)

Hola, prescriptor! este post es para tí, quiero hablarte de la receta médica, ese papelito de la discordia que causa tantísimos problemas tanto a pacientes como a médicos y farmacéuticos. ¿Qué vamos a hacer?, pues vamos a aprender a hacer recetas perfectas en un tutorial sencillísimo, no volverás a hacer una receta mal, prometido!.

¿Por qué es vital recetar correctamente?

La receta manuscrita es una fuente inagotable de problemas, quizás el 10-15% de ellas están mal cumplimentadas, la cifra es difícil de estimar, pero desde luego podemos afirmar que una parte importantísima del trabajo del farmacéutico consiste en lidiar precisamente con este tema.
El origen del asunto es tan sencillo como que una gran mayoría de prescriptores desconocen las normas reales para cumplimentar correctamente una receta, lo que suele derivar en problemas cada vez que la prescripción se sale un poco del medicamento habitual, y muchas veces ni eso.

A este problema hay que sumarle que la comunicación con la bancada farmacéutica no es todo lo fluida que debería (por decirlo suave), vamos, que el trabajo en equipo brilla por su ausencia. Señores, aquí tenemos que mover ficha todos o no arreglaremos esto nunca!.

El tema es que por múltiples factores, todo el mundo sale afectado:

  • La farmacia: literalmente puede colapsar por un taco de recetas mal hechas, demoras de muchos minutos, colas enormes y broncas tremendas entre la gente.
  • La consulta médica: también se satura de forma absolutamente innecesaria por la gente a la que tenemos que mandar de vuelta para que se subsanen errores.
  • El paciente: es la pelota en un partido de tenis, está completamente harto de tener que ir de la ceca a la meca por el puto papelito. A sus ojos todos somos unos incompetentes, y ciertamente, no le falta razón. La responsabilidad de que la receta esté bien hecha es íntegramente de los profesionales sanitarios, no se puede pedir a nadie que haga nuestro trabajo por nosotros.

Expuesta la situación y hecha la autocrítica, llega el momento de aportar mi granito de arena en busca de una solución. El caso es que un día, mientras mandaba unas notitas argumentado por qué unas recetas no valían, lo vi claro: “tengo que hacer esto en profundidad y a gran escala”, pensé.
Pues bien, amigo, aquí estamos listos para aprender unos truquillos útiles de verdad. Lo que aquí tienes es un tutorial básico ilustrado y listo para poner en práctica. Toda la información que encontrarás aquí es válida para casi el 100% de los casos, pero ten en cuenta que hay medicamentos concretos que tienen sus normas específicas (p.e los de especial control médico) de las que no tiene mucho sentido hablar en un post de carácter generalista.
Por último y lo mejor! Abajo del todo tienes una infografía con un ultrarresumen de todo este artículo. La he preparado específicamente para que puedas imprimirla en A4 y así tenerla a mano si en algún momento no recuerdas algo.

Disclaimer: lo que aquí te voy a enseñar son fundamentos generales aplicables a todas la comunidades autónomas del territorio español (yo te hablo desde Madrid), no obstante, debes tener en cuenta que las situaciones excepcionales pueden ser tratadas de diferente modo en cada región, y que incluso para cada farmacia también pueden existir protocolos de actuación distintos.
Aunque este post se centra especialmente en la receta médica oficial financiable por la Seguridad Social, los principios son aplicables por todos aquellos facultativos capacitados para prescribir.

Regla nº1: La prescripción debe ser inequívoca.

Dicho de otra forma, la prescripción necesariamente tiene que dejar una sola opción dispensable. Este es el mecanismo de la receta médica, tan sencillo como eso, si se puede dispensar más de una presentación diferente (sin tener en cuenta diferencias de tamaño de envase), esa receta está muerta.
Esta es la causa número 1 por la que se invalidan las recetas, puede constituir fácilmente el 90-95% del total, casi nada! Siguiendo al pie de la letra esta norma casi casi podríamos erradicar el problema.

Nos llega una receta no válida a la farmacia, ¿la podemos arreglar?

Pues no y sí, vamos por partes. Cada facultativo tiene distintos territorios bajo su “jurisdicción” dentro de la receta médica, así que no se puede tocar lo que es competencia del otro. El campo de prescripción es competencia exclusiva del prescriptor, y cualquier modificación que se haga constituye una falsificación, es ilegal hacerlo. ¿Qué sucede? pues que dependiendo de cómo sea la persona que acude a la farmacia, cómo sea de enrollado el farmacéutico y cuál sea el problema en cuestión, la vamos a “apañar” por el bien común de todas las partes.
Apañar bien una receta es más difícil de lo que parece, porque aunque cueste creerlo, casi no hay dos bolis iguales.
¿Qué cosas se apañan?, pues casi siempre tamaños de envase y a veces la forma farmacéutica en casos que no tienen gran relevancia. Estos apaños no pasan desapercibidos, pero se suelen admitir si se da la situación adecuada. No vamos a mandar a alguien de vuelta al médico por no especificar si el paracetamol de 1g era en comprimidos, granulado para solución oral o qué, no tiene sentido.

¿Mejor prescribir por principio activo o nombre comercial?

Por nombre (designación) comericial sin duda. Los motivos son los siguientes:

  • Prescribir por principio activo amplia el espectro de presentaciones, y por tanto la posibilidad de que la receta no sea válida.
  • Prescribir por principio activo es más difícil, puede hacer falta escribir el “apellido” si un mismo principio activo existe en distintas sales, también podemos patinar en la forma farmacéutica o tamaño del envase de forma más fácil.
  • Hay más posibilidades de que en la farmacia haya una pájara colectiva y nadie sea capaz de encontrar el medicamento en cuestión, especialmente si la caligrafía es demoniaca o si el principio activo pertenece a una familia conflictiva (p.e corticoides).

En resumidas cuentas, al prescribir por principio activo estamos comprando papeletas para que la cosa acabe mal. Eso sí, cuidado, si el medicamento no es válido para facturación no lo podremos sustituir por otro que sí lo sea, aquí tienes otro ejemplo:

La fórmula mágica de los 4 elementos es MDFE

Si escribes siempre el nombre del medicamento o principio activo, la dosis, la forma farmacéutica y el tamaño del envase, la receta nunca estará mal por este motivo. ¿Es obligatorio?, no, no lo es, pero es enormemente recomendable, vamos a poner un ejemplo ilustrado:

Este ejemplo representa muy bien lo complicado que puede llegar a ser el asunto. En la práctica estas complicaciones se traducen en demoras de tiempo en buscar en bases de datos, llamadas al teléfono de dispensación del colegio y quejas de la gente que no entiende cómo se puede tardar 10 minutos en dispensar un Nolotil de mierda (con toda la razón).

Toda la información debe estar consignada en ese papelito

Os pongo un ejemplo real muy ilustrativo:

00:47h – Se presenta una mujer angustiada en la farmacia, te cuenta una movida de la que tú interpretas que un familiar suyo ha sufrido un accidente cerebrovascular secundario a un cardioembolismo que probablemente tuvo lugar a partir de una fibrilación auricular. Además te dice que necesita con suma urgencia una medicación importantísima y que eres su última esperanza porque no hay otra farmacia más en ese núcleo de población (de unos 180.000 habitantes).
Entonces te saca una receta de la Seguridad Social que le han hecho en el hospital, en tu cabeza ya se escucha el redoble de tambores a la espera de conocer la prescripción, miras el recuadro de prescripción y lo que pone es… Lacosamida… y nada más!. Ese momento es como si un ladrillo te golpease la cabeza, no puedes evitar exclamar alguna blasfemia que otra. A partir de aquí se produce un diálogo tal que así:

  • Mujer (preocupada): ¿Qué ocurre?
  • Farmacéutico: Señora… Esta receta no vale, mire, no pone dosis (aquí le cuentas lo de que la prescripción debe ser inequívoca).
  • Mujer: No!, pero si la dosis sí que está (en ese momento saca un manojo de papeles doblados y redoblados y empieza a buscar hasta que en una hoja, en plan de tratamiento aparece “lacosamida 200mg”), ¿lo ves? aquí pone la dosis, menos mal, ya pensaba que nos quedábamos sin la medicación…
  • Farmacéutico (con un tic en el ojo): Señora… toda la información de la prescripción debe estar consignada en este cuadradito, el informe médico sirve en todo caso para justificar el tamaño del envase en función de la duración del tratamiento. En este caso no hay nada que hacer, la receta está incompleta y sólo el prescriptor la puede enmendar.
  • Mujer: Pues arréglala tú! (aquí explicas que hacer eso es ilegal y que por tanto la receta no va a valer y la farmacia va a perder el dinero del medicamento si lo dispensa, que por cierto, es de los caros).
  • Farmáceutico: Sólo hay una opción para que se pueda llevar el medicamento ahora mismo sin tener que volver al médico para que arregle esa receta. La única vía que nos queda es venderle el medicamento como de venta libre, es decir, pagando el pvp íntegro, usted se lleva la medicación, va al médico a pedirle una nueva receta y cuando la tenga, vuelve con el ticket y la caja y le devolvemos todo el dinero excedente que haya pagado, de esta forma sólo pagaría lo que en condiciones normales le hubiese correspondido.

Y aquí se monta el lío padre, ¿por qué?. Bien, la lacosamida es un medicamento de cícero, lo que implica que sólo se paga un 10% de su pvp hasta un máximo de 4,24€. En este caso la lacosamida 200mg (Vimpat®) tiene un pvp de 204,08€! y esta es la cifra que hay que pagar para llevárselo en el momento en lugar de los 4,24€ que costaría si la receta estuviese bien hecha.
El resto os lo podéis imaginar, te cae la del pulpo: “hijos de puta”, “estafadores”, “estáis poniendo precio a la vida mi tal” etc. No hay nada que hacer, muchas veces da lo mismo que los 200€ excedentes vayan a estar devueltos al día siguiente, en ese momento estás contra la espada y la pared, es más, es una cosa tan habitual que tristemente podríamos decir que buena parte del sueldo la cobramos por aguantar estos chaparrones de la manera más diplomática posible.

La conclusión es que todos los datos deben estar al completo consignados en la receta, no vale que unas cosas vayan por un lado y otras por otro. Este apartado va especialmente dirigido al ámbito hospitalario, que es dónde tienen origen estos tipos de problemas.

No especificar forma farmacéutica y envase no implica dejar a libre elección

Hay gente que piensa que sí, al menos para algunos casos. Observa el ejemplo, esta receta no vale por ese motivo, no especificar esos datos no da libertad para elegir entre cápsulas, comprimidos o granulado para solución oral. Puede parecer una tontería ¿por qué no va a valer si prácticamente es lo mismo? pues porque para otro principio activo la farmacocinética de la forma farmacéutica puede ser crucial, y las normas tienen que ser iguales para todos.

Tampoco vale hacer un remix de la prescripción y posología en el mismo recuadro, esto es otra cosa muy típica de las recetas que trae la gente de los hospitales, pongamos un ejemplo: en el recuadro de prescripción aparece “metoclopramida 10mg/8h”. Pues eso, en el recuadro de prescripción el “MDFE”, y en el recuadro de posología el “cada 8h”.

Regla nº2: No olvides poner tus datos

Sólo hay tres datos obligatorios que hay que incluir en el recuadro de datos del prescriptor:

  • Nombre completo (con dos apellidos), a veces se puede aceptar nombre y primer apellido o dos apellidos, pero por si acaso es mejor escribirlo completo, así ya no habrá problemas. Cuidado si utilizas un sello en el que pone “médico sustituto”, además deberás escribir a mano tu nombre completo.
  • Número de colegiado (el CIAS no lo sustituye).
  • Firma
  • Número de teléfono (sólo si utilizas el sello de receta de estupefacientes)

¿Qué pasa si olvidas algo?

Pues algo similar a lo de “apañar” la prescripción, que dependiendo de cuál sea el medicamento prescrito y demás circunstancias, quizás se pueda arreglar excepto en estas situaciones:

  • Faltan los tres datos
  • Sólo está la firma
  • Falta la firma
  • No se puede identificar al prescriptor

Lo que hacemos en buscar en los buscadores webs de los distintos colegios profesionales. Si falta el nombre, tratamos de buscarlo por número de colegiado, si falta el número de colegiado, tratamos de buscarlo por el nombre. Cuando faltan las dos cosas ya no hay forma de identificar al prescriptor, lo mismo sucede si algún dato no se viese bien (p.e sello prácticamente sin tinta).
La firma no se toca nunca.

Este tipo de fallos son más raros y casi siempre ocurren por descuidos. Haciendo un repaso rápido de la receta una vez acabada no los pasarás por alto.

¿Cuáles son los datos del paciente?

Los datos del paciente son su nombre completo con dos apellidos y año de nacimiento (añadir el CIPA también está perfecto). Los datos del paciente tienen una gran ventaja, olvidar ponerlos siempre es un error subsanable.

Regla nº3: Todas las enmiendas tienen que estar validadas

Cualquier enmienda sin validar se carga la receta, da igual lo sutil que sea. Cualquier trazo repasado, letras reconvertidas, tachones… da lo mismo, la receta ya no vale si no se valida la enmienda.
Observemos un ejemplo típico, mientras estamos escribiendo el nombre del medicamento nos damos cuenta que nos hemos equivocado en una letra (con mucha frecuencia la “c”, “z”, “y” e “i”), entonces sobreescribimos encima la letra correcta y ¿solucionado?, pues no.

Me he equivocado ¿qué opciones tengo?

Por lo general hay tres opciones:

  • No hacer nada: Sorprendentemente en ocasiones dejarlo mal es mejor que corregirlo. Este suele ser el caso de los errores ortográficos, da lo mismo escribir cetiricina que cetirizina (cualquiera de las dos se acepta), ahora bien si el principio activo es conflictivo (estrecho intervalo terapéutico, muy caro…) o la caligrafía indescifrable, tenemos que echar esa receta para atrás por seguridad. En ningún caso puede haber error en la dosis, entonces si que definitivamente no vale. Tampoco vale que los errores ortográficos sangren los ojos (esto va por aquellos pacientes que rellenan sus recetas de MUFACE, ISFAS y MUGEJU y escriben auténticas atrocidades)
  • Enmendarla: Vuelves a firmar igual que en el recuadro de datos del prescriptor y escribes que vale esa enmienda que has hecho.
  • Receta nueva: Destruyes esa receta y haces otra nueva.

Y colorín colorado, el tutorial se ha acabado! ya ves las tres tonterías que hay que tener claras para hacer una receta médica correctamente, algo que parece tan complicado y en realidad no tiene tanto misterio.
Quizás te haya parecido que este tutorial es bastante extenso, bueno, la mayor parte es información complementaria, narrativa para trasladaros un poco a lo que es el día a día de la oficina de farmacia y entender el porqué de la importancia de una receta bien hecha.
Mi recomendación es que te aprendas la primera regla hasta saberla recitar, es realmente la que más problemas puede solventar. En lo que respecta a las otras dos… son absolutas nimiedades en comparación.
Si te ha gustado, si te ha aportado algo, te agradezco enormemente que lo compartas con tus colegas de profesión, y así me echas un cable para darle difusión (guiño, guiño). Espera!, no hemos acabado, aquí abajo te dejo un bonus con otra información relacionada bastante chula, échale un vistazo, quizás te sea útil.

RECUERDA QUE TIENES UNA INFOGRAFÍA ULTRARRESUMEN AL FINAL DEL POST!

BONUS

El informe de urgencias NO es una receta

Me dirás que es algo evidente, que ¿quién no sabe eso?. Pues efectivamente, aunque en términos de facturación todo el mundo entiende que no es una receta, mucho cuidado porque en términos de dispensación tampoco lo es. Los problemas son varios:

  • Los datos: hay informes muy bien cumplimentados con el nombre completo del médico, nº de colegiado y firma, y otros donde aparecen cosas como “especialista de área” y nada más, ni firma siquiera. Esto supone un problema adicional para comprobar la veracidad de un documento que ya de por sí es facilísimo falsificar.
  • El informe es un documento confidencial: la farmacia no puede quedárselo como sí se queda las recetas, viola la LOPD. Por tanto la persona puede ir con ese papelito a otro sitio y repetir el proceso en bucle para conseguir cuantos envases quiera. Y si, esto se hace: “como no me venden amoxicilina sin receta en ningún lado, pues ya aprovecho y hago acopio, así la próxima vez que lo necesite (p.e cuando estornude tres veces seguidas) me la tomaré como me venga en gana y me curaré”. Problema mayor cuando hablamos de psicótropos: dispensarlos mal, quedarse con el informe mal, sellar el informe para que en otro sitio no se lo vuelvan a dispensar, también mal… Todo mal y todo riesgo de sanción en una inspección.

Solución

La solución es tan fácil como hacer una receta, ya está, no hay más. Es una cosa que en algunos hospitales empieza a hacerse, ¿que todavía no hay posibilidad de hacer recetas financiables por el SNS? pues receta privada al canto, así se acaban las barreras para dispensar y la posibilidad de que la persona haga un uso abusivo (incluso fraudulento) del informe.

Receta privada

Recuerda que es especialmente importante que todos los psicótropos sean prescritos en receta individualizada.

Fórmulas magistrales

Lo de las fórmulas es un terreno muy pantanoso plagado de situaciones excepcionales. Por este motivo la normativa es mucho más laxa y se acepta casi todo (no hay mal que por bien no venga). El caso es que en esta ocasión no quiero hablarte de cómo recetar, sino darte unos consejos para prescribir (sobre todo si la fórmula no está financiada).

  • No prescribas cantidades excesivamente pequeñas: hay dos motivos, el primero es que si se prescribe poca cantidad para ahorrar dinero al paciente, eso sólo funcionará hasta cierto punto porque los honorarios profesionales tienen un coste fijo. Si además se suman otros factores como materias primas baratas y fórmula no financiada, ocurren aberraciones porque las valoraciones nunca son proporcionales. Ejemplo: una emulsión O/W de hidroquinona, ácido retinoico e hidrocortisona para una cantidad de 25g puede tener un pvp de unos 18€ (dependiendo de las concetraciones de principios activos), mientras que una cantidad de 100g costaría unos 23€. El segundo motivo es que es difícil preparar bien una cantidad muy pequeña porque las pérdidas por rendimiento se vuelven proporcionalmente enormes, luego al final la fórmula puede acabar teniendo una composición cuantitativa muy diferente a la prescrita.
  • Todo siempre en un envase: esto está muy relacionado con lo anterior, si por ejemplo, en vez de prescribir un envase de 100g de emulsión prescribimos dos de 50g, los honorarios profesionales van a tener que pagarse dos veces. Prescribir la cantidad que sea en un único envase es una buena práctica para ahorrarle dinero a tu paciente.
receta medica perfecta-rojodefenol

Descarga la infografía AQUÍ

Sobre nosotros Rojo de Fenol

Óscar, Farmacéutico.

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